BIFAR 138 entero (20 M)
[35] noso. Cuando los biólogos descubren un nuevo mecanismo de comunicación inter- celular, ya existe un virus que lo ha des- cubierto y aprovechado, con anterioridad. Un trabajo dirigido por Karla Kirkegaard, profesora de microbiología y genética en Stanford University School of Medicine , publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences , dio a conocer la for- ma espectacular de comunicación entre las células, en las que una célula digiere peque- ñas partes de sí misma liberando molécu- recién formadas) eran liberados cuando la célula estallaba . Pero ahora se sospecha que muchos virus aprovechan la autofa- gia de la célula para abandonarla sin des- truirla, estrategia que permite que la célula pueda continuar fabricando más viriones . Esta argucia no solo es usada por el virus de la poliomielitis sino que otros virus denominados “virus desnudos” (sin envoltura), tales como el virus del resfria- do común o los enterovirus podrían usar la autofagia para propagarse. detectar la aparición de una nueva cepa letal. Tristemente, no ha sido el caso con el covid-19. A diferencia de otros seres vivos, los virus son demasiado exiguos para fosilizarse (lo que, sin embargo, consiguen algunas bac- terias). De hecho, la certeza de su existen- cia se obtuvo durante el siglo XIX por vía indirecta, cuando los filtrados de extrac- tos bacterianos mantenían su capacidad infecciosa a pesar de que las bacterias quedan retenidas en los filtros. Los estudios genómicos han identificado códigos genéticos integrados en el ADN de virtualmente cada linaje filogenético. Los virus son poco más que un programa básico de información genética que codi- fica las enzimas y proteínas imprescindi- bles para construir nuevos virus. Para ello necesitan usurpar la tecnología bioquími- ca de las células que infectan. El acierto evolutivo que da lugar a un virus viable es una suerte de lotería filogenética. Los virus son un oxímoron biológico: de un lado son las formas vivas más simples (excluyendo los priones); pero por otra parte se pueden considerar la forma más evolucionada de transportar información genética. Los priones son sencillamente proteínas infecciones, cuyo apócope ha dado lugar al nombre a sugerencia de su descubridor Stanley B. Prusiner , Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1977 . Los virus también han adquirido las estra- tegias para soslayar el sistema inmunitario del hospedador. Por ejemplo, una de las características más letales del virus ébo- la es su capacidad de paralizar la primera línea de defensa del organismo contra el patógeno, cual es la síntesis y secreción de interferón-γ. Además el virus ébola desactiva el sistema de coagulación, razón por la que se desencadenan hemorragias incontroladas. En este estadio, la segunda línea de defensa (anticuerpos) es incapaz de contrarrestar la perversa progresión de la infección. Por el contrario el coronavirus pandémi- co actual, SARS-CoV-2, desencadena, en ocasiones, una respuesta inmune tan con- tundente que compromete la superviven- cia del enfermo. Distintos pandemonios, diferentes argucias. La letalidad de los virus ébola y SARS- CoV2, se deben a una zoonosis evoluti- va en la que los virus han saltado desde los murciélagos frugívoros a los huma- nos, con los simios como hospedadores intermediarios (en el caso del virus ébola) y con uno o varios animales en el caso del SARS-CoV-2. n Pithovirus: el virus de mayor tamaño jamás descubierto (1,5mcm). (Descubierto en Siberia en 2013 por un matrimonio de virólogos franceses). El coronavirus pandémico actual, SARS-CoV-2, desencadena, en ocasiones, una respuesta inmune tan contundente que compromete la supervivencia del enfermo las al entorno que actúan como misiles sobre células próximas. Este tipo de comu- nicación se denomina autofagia. Hasta no hace mucho tiempo se consi- deraba que los viriones (partículas víricas Los viriones (nuevos virus) ébola salen de las células rodeándose de la propia mem- brana celular, soslayando así, al menos parcialmente, el reconocimiento por las células del sistema inmunitario del hos- pedador. El Premio Nobel de Química 2004 reco- noció a Eric Betzig, Stephan W. Hell y William E. Moerner por los avances en microscopía electrónica y microscopía de fluorescencia. Esta tecnología permi- te, por ejemplo, rastrear los virus dentro y fuera de las células, y observar sus inte- racciones con anticuerpos u otras proteí- nas. A través de la secuenciación de genes ultrarrápida y técnicas de silenciamiento génico, se han identificado genes que jue- gan un papel crítico en la infección viral y en la resistencia a medicamentos. Estas técnicas podrían resultar muy útiles para
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy OTMyNTQ=