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[45] cuencias que esto supone en la vida de nuestros pueblos. Dentro de este panorama estatal, en Ara- gón se está realizando un buen trabajo, fruto de la colaboración del Gobierno ara- gonés con los colegios de farmacéuticos. Así, cuando ha habido retrasos en los pagos a farmacias en estos últimos años, en Aragón han sido menos intensos que en otras comunidades autónomas. Tam- bién se ha desarrollado de manera pio- nera un marco para el servicio de siste- mas personalizados de dosificación, etc. Aunque está claro que todavía hay mucho margen para avanzar y mejorar. Se me hace difícil pensar que la farma- cia rural pueda subsistir a medio plazo sólo con los márgenes. Hay muchos ser- vicios que la farmacia comunitaria ofre- ce o puede ofrecer y que muchas veces no se cobran, o no se les saca el partido que se les podría sacar por parte de las Administraciones Sanitarias. El más regulado es el de las guardias, por ejemplo. Somos el único profesional de la salud que no recibe remuneración alguna por parte de la Administración por unas guardias que son obligatorias. Por tan- to, si en una guardia no se realiza ningún acto de dispensación, no hay remunera- ción para el farmacéutico, que habrá tra- bajado gratis (y en el mundo rural esta circunstancia es muy frecuente). Como máximos expertos en el medica- mento, está desaprovechada, en especial, nuestra capacidad para realizar segui- miento farmacoterapéutico (SFT). El pro- grama CONSIGUE, liderado por la Univer- sidad de Navarra y el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, ha constata- do un ahorro considerable a Sanidad en las farmacias piloto que han desarrolla- do, de manera sistematizada, este ser- vicio. Remunerar el SFT por parte de la Administración no representaría, por tan- to, un gasto al Estado, sino simplemente reinvertir una parte del ahorro generado en el propio servicio, suponiendo una ayu- da para la farmacia comunitaria (y la rural en particular). Más allá del aspecto económico, medidas como el acceso al historial clínico, faci- litarían el desarrollo de estos servicios, redundando en un beneficio al paciente, como ya sucede en otros países. Además, las administraciones podrían sacar más partido a nuestra cercanía con el paciente a la hora de realizar campa- ñas sanitarias de concienciación (actual- mente las hacemos de manera gratuita), SPD, deshabituación tabáquica, vacu- nación, cribado de enfermedades ocul- tas, detección precoz de EPOC, trámites burocráticos dentro del ámbito sanitario (Sanidad tiene actualmente, en las farma- cias, a 22.071 oficinas de atención donde los pacientes podrían realizar consultas y gestiones, descongestionando las zonas de atención al público de hospitales y evi- tando desplazamientos innecesarios a los pacientes, por ejemplo), etc. No se puede desaprovechar que el 99% de la población disponga actualmente de una farmacia en su lugar habitual de residencia. Muchas de estas opciones se sabe que serían bien recibidas por parte de los usuarios del sistema público de salud, como lo indica un estudio de investiga- ción que yo mismo realicé en 2016, pre- miado por la Real Academia Nacional de Farmacia. Un estudio observacional cuyo objetivo principal fue el de valorar la importancia que las OF únicas, ubi- cadas en municipios de menos de 500 habitantes, tienen para sus usuarios, así como los problemas que su ausencia les ocasionaría. Participaron oficinas de farmacia de Andalucía, Aragón, Canta- bria, Castilla La Mancha, Castilla y León, Extremadura y Comunidad Valenciana. En uno de los apartados, se le pregunta- ba al usuario sobre los servicios que le gustaría disponer en su farmacia. Uno de cada tres quería poder realizar trámites burocráticos relacionados con su salud desde la oficina de farmacia (evitando así desplazamientos hasta el hospital en la ciudad). También uno de cada tres demandaba poder vacunarse en las far- macias. Y casi el 70% quería que la far- macia realizara cribados de enfermeda- des ocultas (cáncer de colon, SIDA, etc.). En consecuencia, creo que el Estado debe aprovechar más al farmacéutico comunitario, siendo un sanitario prepara- do y especialista en el medicamento, que se encuentra a pie de calle y accesible a la población en todo momento (en hora- rio habitual o en las guardias). La licen- ciatura de farmacia se corresponde con el nivel 3 del marco español de cualifica- ciones, es decir, nivel máster. De todos los profesionales sanitarios, sólo medi- cina, farmacia, veterinaria y odontología presentan este mismo nivel. No hay nin- guno por encima. Un ejemplo en esta línea: en Bélgica, des- de otoño del 2018, se encuentra la figu- ra del farmacéutico de familia. El farma- céutico de familia es el responsable de monitorizar al paciente, acompañarlo en el uso correcto de los medicamentos y mantener actualizado su plan de medica- ción, poniéndolo a disposición del equi- po de asistencia sanitaria (encabezado por el médico de familia). La identidad del farmacéutico de familia se mencio- na en todas las plataformas compartidas como, por ejemplo, en una hospitaliza- ción. Se trata de una figura promovida desde el Gobierno belga y, pese a ser de carácter voluntario, en un plazo de 3 meses tras su puesta en marcha ya había más de 400.000 belgas inscritos. El servicio está costeado por la Seguridad Social, siendo gratuito para los pacientes. Por otro lado, desde 2010, Bélgica tiene un sistema mixto de retribución, combi- nando un margen sobre el medicamen- to con un fijo por acto de dispensación, lo cual es mucho más razonable y justo con el trabajo desempeñado por el far- macéutico comunitario. Personalmente, iría más allá y establecería un baremo fijo por acto de dispensación, eliminan- do el margen, pues el trabajo de atención al paciente no vale más o menos según el precio del medicamento dispensado, sino en función del trabajo realizado, la complejidad del tratamiento, etc. Debemos hacernos valer. La farmacia es un centro sanitario donde te atiende un profesional sanitario. Creo que los con- sejos y los productos/soluciones que se ofrezcan deben estar cimentados en cri- terios científicos, basados en la eviden- cia. Opino que ese es un valor básico de la farmacia que no debe perderse nun- ca. Es un valor que incide directamen- te sobre la salud del paciente y sobre el prestigio del farmacéutico comunitario. Creo que nuestro futuro es demostrar nuestra valía cada día, y hacerlo como colectivo. Pues es como colectivo que somos únicos y nos hacemos fuertes, conformando una red que llega a cada rincón de España. Para ello necesitamos de una formación continua (ser unos enamorados de la mejora constante, que dice un amigo mío). Somos farmacia comunitaria, es decir, los referentes del fármaco para los pacientes que viven en nuestra comunidad. Y no hay profesión más bella y gratificante que aquella que se encarga de cuidar a los que están en nuestro entorno. Luchemos dignamente por ello. n
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