Bifar 135 (Web)

[44] ÁGORA ste 2019 cumplo 15 años como titular en la farmacia de Tabuenca. Trabajar de farma- céutico comunitario es una experiencia muy enriquecedora. Además, considero a la farmacia rural como la máxima expresión de esta rama de la profesión, donde el adjetivo “comunita- ria” adquiere su máxima expresión. La farmacia rural se preocupa por una comunidad muy concreta y constante, lo que se refleja en una cercanía extrema con los pacientes, consiguiéndose un feedback extremadamente directo y gra- tificante. Tomé la decisión de vivir “la experien- cia rural” porque consideraba que sería positiva y me ayudaría a ser mejor per- sona y profesional. Actualmente no lo cambiaría por un trabajo “más urbano”. Estos 15 años han superado con creces mis expectativas en lo positivo. Aunque supone un esfuerzo adicional respecto a otras opciones, la farmacia rural te ofre- ce también muchas posibilidades para desarrollarte como farmacéutico comu- nitario. En el plano personal, desde el primer día que llegamos a Tabuenca nos sentimos muy bien acogidos. No puedo hablar por otros pueblos, pero mi experiencia en Tabuenca es excepcional en este senti- do. No lo podría haber imaginado mejor. Los grandes cambios que he tenido que afrontar al venir a Tabuenca (dejar un trabajo estable en una ciudad de 60.000 habitantes para recalar en un pueblo de 450 habitantes, alejarme geográfica- mente de familia y amigos, etc.) han sido sin duda mucho más fáciles gracias al apoyo y al carácter abierto y cordial de los tabuenquinos. La parte negativa de la farmacia rural son las condiciones precarias. ¿Qué os voy a contar? Cada vez menos pacientes que atender y cada vez menos margen por cada acto de trabajo. A la hora de tomar la decisión de trasladarse a una farmacia rural, uno tiene en cuenta un cierto decre- cimiento de la población con el tiempo. Sin embargo, resultaba impensable pre- ver en 2004 que las medidas, tomadas por los sucesivos gobiernos, fueran a se vayan con sus hijos a vivir a las ciuda- des, por no tener posibilidades de despla- zamiento hasta la farmacia más cercana, convirtiendo los pueblos en lugares de vacaciones, despoblados el resto del año. Otra consecuencia de estas medidas son los desabastecimientos. Llevamos des- de 2018 con un aumento alarmante en cuanto al desabastecimiento de medi- camentos. Es un fenómeno que no sólo afecta a España. El motivo principal: el encarecimiento de los precios de cos- te de las materias primas y el aumento de los costes de producción. Es decir, el aumento del coste de la vida, como en cualquier otro sector. Y, por contra, el descenso continuado del precio de los medicamentos. Francia está empezando a vivir una situación similar a la española, al igual que otros países de la Unión Europea. ¿Cómo está reaccionando el país galo? El Ministerio de Hacienda francés propo- ne fijar un precio mínimo para los medi- camentos más afectados por los desa- bastecimientos, consciente de que una bajada continua puede acarrear serios problemas de suministro a corto y medio plazo para su población. También estudia medidas para incentivar la inversión en Francia de las empresas del sector. En definitiva, trata de asegurarse una posi- ción de fortaleza para evitar los desabas- tecimientos. Por contra, en España el Gobierno sigue bajando los precios, lo que implica reba- jar el margen de los laboratorios (es decir, hacer España menos atractiva, lo que aumentará los desabastecimientos), apretar a las distribuidoras y, sobre todo, empujar un poco más hacia el precipicio de la desaparición a muchas farmacias rurales, las que se encuentran en una situación más delicada, con las conse- ser tan constantes en lo referente a las bajadas en los precios de los medica- mentos, asfixiando de una manera tan contundente a las farmacias rurales. Y como muestra un botón, que suele decir- se, de los medicamentos más comunes: cuando aterricé en Tabuenca, en 2004, el omeprazol 20 mg de 28 cápsulas valía 9,27 € (ahora 2,42 € ), la simvastatina 20 mg de 28 comprimidos 14,52 € (ahora 1,58 € ) y el ibuprofeno 600 mg de 40 comprimidos 4,63 € (ahora 1,97 € ). Las nuevas medidas que propone el Gobierno inciden directamente sobre el precio. De nuevo. La lógica dice que, siendo España en la actualidad uno de los países con los precios más bajos de medicamento, no tiene mucho sentido seguir incidiendo en el precio. Y es que, desde 2004, los precios no han hecho otra cosa que bajar (“bajar, bajar, bajar y bajar”, que diría Luis Aragonés). En ocasiones, de manera escandalosa. La partida de medicamentos es de las más controladas (sino la que más), dentro del apartado de Sanidad. Es imposible gene- rar al Estado un “gasto en medicamen- tos” (aunque debería denominarse inver- sión en salud) sin presentar una receta. Cada medicamento prescrito tiene nom- bre y apellidos, pudiéndose rastrear sin problemas su recorrido. Por todo ello, la lógica apunta que no tiene sentido cebar- se en esta partida como se está hacien- do, más teniendo en cuenta las conse- cuencias de estas acciones. El tiempo lo dirá, pero creo que insistir en estas medidas acelerará, todavía más, el cierre de farmacias rurales, dejando a pueblos desatendidos. Pueblos en los que desaparecerá el único profesional sanitario que abre todos los días y que, en muchas ocasiones, vive en el mismo pueblo, como es mi caso. La falta de far- macia provocará que muchos ancianos Reflexiones de un rural quinceañero Daniel de María García . Farmacéutico. El Ministerio de Hacienda francés propone fijar un precio mínimo para los medicamentos más afectados por los desabastecimientos, consciente de que una bajada continua puede acarrear serios problemas de suministro a corto y medio plazo para su población

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