Bifar 135 (Web)

[42] Queridos amigos y compañeros: ace ya más de cuarenta años que llegué a esta ventosa ciu- dad con la ilusión de un chaval recién licenciado en Farmacia a intentar ganarme la vida huyendo de un congestionado y difícil Madrid. No conocía a nadie y auguraba un corto periodo de estancia hasta una definitiva ubicación que, aun ignorándola, imagi- naba poseedora de las virtudes utópicas que busca quien sueña, una tranquila pero animada ciudad, grande pero no obesa, con gente amigable pero sincera, y mira por dónde eso mismo fui descu- briendo en el día a día ante mí. Lo que planeaba no más allá de seis o siete años provisionales, se alargó en el tiempo y en el cuerpo hasta hoy. Todo el mundo espera el día de su jubilación con cierto recelo, temiendo el sopor de la inactividad, la posible enfermedad, la languidez del no servir a una causa, a un proyecto, la nada. Sólo los pobres de espíritu son susceptibles de caer en el desánimo, en la desidia y en el más triste aburrimiento. Siempre he visto personas mayores, jubilados como se dice ahora (yo prefiero decir retirados), sentados en bancos en la calle, mirando con mira- da perdida el futuro, tal vez recordando su juventud. Da cierta pena si ello no es lo deseado. Los hay que no pretenden más, se ilusionan con recibir cada nue- vo día augurando un buen espectáculo en primera fila ante la obra nueva que levanta una empresa constructora en la plaza. Seguro que les reconforta y les anima a opinar sobre el resultado o su modus operand i. Yo que siempre tuve un parásito inte- rior que me comprimía las vísceras cada vez que observaba una escena de belle- za incontestable y que me hacía vivir dos centímetros por encima de la tris- te realidad, me convertí en buscador de sensaciones, de formas, de sonidos, de imágenes... Es por eso que el paso de la frontera del mundo de las obligaciones laborales al del tiempo para uno mismo no puede ser temido por mí de ningu- na de las maneras, pues dudo incluso llamarlo tiempo libre. Será el tiempo en que podré desarrollar todo lo que en mi vida anterior por falta de ese tiempo, por el deber de emplearlo en formación, en constante mantenimiento técnico que nos obliga nuestra profesión, no había podido ser todo lo intenso que hubiera deseado. Por tanto, puedo decir que he hecho cosas con mayor o menor acier- to, pero que se crearon desde mi impul- so más creativo, más artístico si cabe. El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza conoce bien parte de esa labor, aunque también en mi faceta profesional tiene algún que otro archi- vo de mi paso por su Junta de Gobier- no y otras actividades culturales en que me metí con la intención de intensificar facetas más recreativas que nos ahu- yentaran de la apatía de tantos cursos y charlas propias de boticarios. Puedo decir que en mi faceta profesio- nal me voy con la cabeza bien erguida por haber luchado por lo que creí en todo momento. Llevé la llamada comisión de parafarmacia intentando velar porque las farmacias se acogieran en cierto modo Silenciosa Sonata de los Adioses Bernardo Juan Sánchez Gálvez. Farmacéutico. a un código deontológico y no cayeran en comercialismos ni en la venta de pro- ductos poco o nada ortodoxos, “milagro” los llamaron, con nuestra esencia sanita- ria, que huyeran de terminologías como “ofertas” o ”descuentos” con el resulta- do conocido por todos. Ese fracaso no me disgusta, me honra porque yo abo- gué por lo que creía y yo mismo practi- caba. Por una lucha de imagen y no de caja registradora que a la larga no nos favorecería. Bueno, ahora observo cómo todo eso se quedó en agua de Borrago Officinalis y así nos va. Los tiempos cam- bian evidentemente y las nuevas gene- raciones tendrán que vérselas con téc- nicas y empresas que no se van a apia- dar de nosotros, de nuestros cursos de formación sobre estatinas. Las estatinas de menos de un euro las proporciona- rá un repartidor en una visita a casa con un datáfono para firmar la entrega. Pero las farmacias seguirán ahí, luchando por los miles de productos para la higiene, la belleza, la puericultura y mil campos más, a ver quién lo vende más barato. También me voy con bellos recuerdos de gratas compañías colegiales, de gra- tos momentos vividos, como el desa- rrollo del primer Congreso Nacional Farmacéutico que inauguró un flaman- te Auditorio de Zaragoza. De personas Si quieres expresar tu opinión sobre algún tema relacionado con la profesión farmacéutica háznoslo llegar a cofzaragoza@redfarma.org. Lo publicaremos en estas páginas. Es imprescindible que las cartas vayan firmadas con nombre y dos apellidos. El Colegio se reserva el derecho de publicar aquellas que considere oportunas. ÁGORA

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