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[36] instilaba por vía rectal. Se utilizó ampliamen- te, tanto en clínicas suizas como de la Unión Soviética, en este país por Ivan P. Pavlov . Las “curas de sueño” perdieron su aura en favor de otras terapias, hoy también consi- deradas exóticas, tales como la insulinote- rapia ( shock hipoglucémico por dosis ele- vadas de insulina), terapia electroconvul- siva, o quimioconvulsiva (desencadenada por Cardiazol). Durante la década de 1950 el Departamen- to de Psiquiatría del Allan Memorial Institu- te de Montreal (Canadá), con apoyo finan- ciero de la CIA ( Central Intelligence Agency ) norteamericana desarrolló una metodología denominada en un principio psychic dri- ving , si bien se popularizó como “lavado de cerebro”. En esta técnica los barbitúricos jugaban un importante papel. Se preten- día el aturdimiento del “paciente” mediante la administración de barbitúricos, aprove- chando el estado mental desencadenado para condicionar la aceptación de determi- nados mensajes. Barbitúricos como antiepilépticos El descubrimiento de la acción antiepiléptica de los barbitúricos fue, como tantas veces sucede, fruto del azar. Hauptmann , psiquia- tra de Friburgo, Alemania, observó en el año 1912 que la administración de Fenobarbital disminuía la frecuencia e intensidad de las convulsiones. Dos circunstancias dejaron en el olvi- do este importante hallazgo. De un lado, Hauptmann publicó sus observaciones en una revista alemana de difusión muy limi- tada; por otra parte, el estallido de la Pri- mera Guerra Mundial bloqueó el comercio y el intercambio de información científica. Además, la Fenobarbitona (la denomina- ción de Fenobarbital en el mundo anglo- sajón) no se comercializó en Reino Unidos hasta 1923 ( Winthrop Chemical Company ). Muy pronto tras su comercialización, Charles Brooks ( Colony Medical Officer, en Chalfont Centre , Londres) dio cuenta de la eficacia anticonvulsiva de la Fenobarbito- na. Brooks escribía que la “Fenobarbitona era más efectiva que los bromuros, y rela- tivamente ineficaz en cuadros de convul- siones causadas por hipoglucemia grave”. A finales de la década de 1920 todavía se recomendaba el bromuro potásico como tratamiento de primera elección, relegan- do Fenobarbital (Fenobarbitona) para los cuadros refractarios (guía clínica de Chal- font Centre ). A pesar de estas recomenda- ciones, los bromuros terminaron por desa- parecer de la práctica clínica a comienzos de la década de 1930, a favor del Feno- barbital. Aunque se han desarrollado novedosos fár- macos para el control anticipatorio de las Los barbitúricos fue un método habitual y seguro de suicidio. Algunos nombres forman parte del imaginario colectivo, desde el escritor Stefan Zweig a la actriz Marilyn Monroe crisis convulsivas, el Fenobarbital continúa siendo el antiepiléptico más prescrito en todo el mundo, sobre todo en países con ren- tas bajas que no pueden acceder a la más moderna farmacoterapia anticonvulsiva. Siguiendo el asentamiento del Fenobarbital como antiepiléptico, se sintetizaron numero- sos derivados en la búsqueda de análogos más eficaces y, sobre todo, menos iatrogé- nicos. Uno de estos compuestos fue el desoxi- barbital o Primidona (Mysoline®) sintetiza- da por Bogue y Carrington en los laborato- rios ICI ( Imperial Chemistry Industries Ltd ) en el año 1949. Su actividad anticonvulsiva se demostró en 1952. Despertó gran interés debido a que parecía mostrar mayor activi- dad anticonvulsiva en relación a otros barbi- túricos, sin los indeseados efectos sedantes que condicionaban la vida de los pacientes. Muchas de las expectativas de desvane- cieron cuando se evidenció que el principal metabolito de la Primidona era Fenobarbital. Diversos estudios posteriores no hallaron diferencias significativas entre Fenobarbital y Primidona (este último, un profármaco del Fenobarbital). La Primidona continúa for- mando parte del vademécum antiepilépti- co, pero no como medicamento “de primera elección”. Además, no se ha formulado una preparación inyectable, por lo que no se pue- de utilizar en el status epilepticus . En el año 1938 Houston Merritt y Tracy Putnam ( Boston City Hospital , Estados Unidos) sintetizaron la Fenitoína, el primer fármaco antiepiléptico carente de propie- dades hipnóticas. A finales de la década de década de 1950 se sintetizó la Carbama- cepina (CBZ). La Fenitoína y la Carbama- cepina no solo ampliaron el nomenclátor de medicamentos antiepilépticos, sino que dieron lugar a una disminución del uso de barbitúricos. Barbitúricos en anestesia La primera molécula barbitúrica emplea- da como anestésico fue el ácido sec-bu- til-(2-bromo-alil)-barbitúrico (Pernocton®), introducido por el obstetra alemán Bumm en el año 1927. Muchos de los barbitúricos que se fueron sintetizando durante los años siguientes, una vez formulados en inyección intravenosa, se ensayaron como potenciales anestésicos. John S. Lundy ( Mayo Clinic, Rochester , Estados Unidos) introdujo Amobarbital sódi- co (1929) y Fenobarbital sódico (1930) en la práctica anestésica.
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