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[34] Sección Científica achacaba a algunos pacientes epilépticos. En aquella época todavía existía la “convicción científica” que la masturbación (onanismo) frecuente desencadenaba epilepsia. Otra aplicación de los bromuros era la deno- minada “terapia del sueño”, ideada por el médico británico Neil MacLeod en Shanghái en 1897. Mediante esta “cura de sueño” se procuraba calmar a pacientes psiquiátricos “muy excitados”. Los bromuros son muy iatrogénicos. Dan lugar a alucinaciones, delirio, letargia y notables efectos adversos gastrointestina- les. Además su vida media de eliminación de 12 días daba lugar a su acumulación en tejidos incrementando su toxicidad y hacien- do impredecibles sus efectos “terapéuticos”. El surgimiento de los barbitúricos fue un gran avance en el tratamiento de la seda- ción e hipnosis. Las sales de bromo queda- ron relegadas a los libros de historia de la farmacología. Otras sustancias utilizadas como hipnóticos durante el siglo XIX fueron el paraldehído, sintetizado por Widenbusch en 1829 e intro- ducido en terapéutica por Vincenzo Cervello en 1882; sulfonal, tras el descubrimiento de su acción hipnótica por Eugen Baumann y Alfred Kast en el año 1887. a historia farmacéutica de los barbi- túricos se inicia con el siglo XX. Corría el año 1904 cuando Farbwer- ke Fr Bayer , introdujo en terapéutica el ácido dietilbarbitúrico para el tratamiento (sería más apropiado decir para un relativo “control sintomático”) de una pléyade de enfermedades psiquiátricas y neurológicas. Con esta sustancia se conseguía “calmar” a enfermos con síntomas “positivos” de esqui- zofrenias incontrolables, neurosis profundas, y otros cuadros psicóticos “con gran compo- nente emocional”. El ácido dietilbarbitúrico contrarrestaba la profunda inhibición comportamental que manifestaban algunos pacientes psiquiátri- cos, facilitando la psicoterapia y el psicoa- nálisis y mostraba efectos hipnótico, antiepi- léptico, y, administrado por vía intravenosa, anestésico. Estas acciones fueron un acicate para la sín- tesis de un sinnúmero de análogos (más de 2.500), de los que alrededor de 50 llegaron a utilizarse en terapéutica, si bien apenas una decena se consolidaron en la praxis farma- céutica. Antes de la introducción de los barbitúricos los fármacos usados como sedantes-hip- nóticos-anticonvulsivantes eran hidrato de cloral, algunos alcaloides derivados de las solanáceas y las sales de bromo (bromu- ros). El opio y su principal alcaloide, la mor- fina, tuvieron una utilización muy restringida como hipnóticos. Los alcaloides más usados eran los deri- vados de las solanáceas. Algunas espe- cies, tales como Hyoscyamus niger (beleño negro), de donde se aísla el alcaloide hioscia- mina, con potentes efectos alucinógenos, se usaron durante un tiempo por sus acciones sedante e hipnótica. El farmacólogo vienés Karl Schroff describió sus efectos en 1868. La entonces incipiente empresa E. Merck, en Darmstadt, Alemania, había aislado hios- ciamina de otra planta, también de la familia botánica de las solanáceas, incluyéndola en cócteles de amplia utilización en las institu- ciones psiquiátricas de la época. En 1880 se aisló hioscina (denominada esco- polamina en Norteamérica). La hioscina, al igual que antes la hiosciamina, entró a for- mar parte de diversos cócteles farmacológi- cos para el tratamiento de pacientes manía- cos u otros cuadros clínicos en los que los enfermos mostraban agresividad. Téngase en cuenta que el criterio de paciente agresi- vo era entonces mucho más restrictivo que hoy día, incluyendo pacientes con compor- tamientos atrabiliarios. Uno de esos cócteles fue el famoso Hyoscine Co A, que contenía hioscina, morfina y atropina. El primer fármaco que se puede considerar propiamente hipnótico fue hidrato de cloral (cloralia idrato) sintetizado por Justus von Liebig en 1832. Fue preciso esperar 37 años, hasta 1869, para que el farmacólogo berlinés Oskar Liebreich diera cumplida cuenta de su acción hipnótica. Muy pronto el hidrato de cloral desplazó a la morfina y a los alcaloides de las solanáceas como hipnótico-sedante, en parte porque el hidrato de cloral se podía administrar por vía oral, haciendo innecesa- rio que el enfermo permaneciese ingresado en instituciones psiquiátricas. Sin embargo, durante el siglo XIX, los sedan- tes-hipnóticos-anticonvulsivos más utiliza- dos fueron los bromuros. El primer uso de los bromuros en terapéutica se debió al obstetra Charles Locock en 1857, quien lo prescribía para lo que denominaba “convulsiones epi- lépticas histéricas o catameniales”. Los bro- muros formaron parte del depósito farma- cológico de la mayoría de los “manicomios” o asilos mentales. Su principal utilidad era controlar la “sexualidad desaforada” que se Historia de los Barbitúricos José Manuel López Tricas y Ángela Álvarez de Toledo Bayarte . Farmacéuticos. Ilustración 1.

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