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38 Bifar S Buscando nuevos ANTIBIÓTICOS en los viejos remedios ámbito de la prescripción médica, como en su utilización veterinaria, apenas ha surtido efec- to. El surgimiento de bacterias resistentes es inevitable, pero la masiva utilización de anti- bióticos ha ejercido una presión de selección favorable hacia las cepas resistentes. Se están ideando diversas estratagemas para dinamizar el desarrollo de antibióticos. Algunas tratan de aprovechar las bacterias ya conocidas y estudiadas, modificándolas genéticamente, con la esperanza de que fabri- quen otras moléculas antibióticas distintas de las ya conocidas. Otra argucia es modificar los dispositivos de cultivo para hacer posible que determinadas bacterias puedan cultivarse in vitro. Pero tal vez haya que regresar a los orígenes, esto es, buscar nuevas familias de antibióticos en la Naturaleza, desde las plan- tas, a los océanos e incluso el mundo animal invertebrado. La Naturaleza nos ha regalado antibióticos, y muchos otros medicamentos de trascendental importancia. Durante las últi- mas décadas hemos creído que podíamos emular en el laboratorio los logros de millones de años de evolución. La historia del descubrimiento de la Artemi- sinina , el mejor medicamento disponible en la actualidad contra la malaria, es aleccio- nador. En 1967, Mao Zedong puso en mar- cha un proyecto militar secreto para hallar posibles remedios naturales contra la mala- ria (paludismo) a petición del líder norviet- namita Ho Chi Min , en su guerra contra el entonces Vietnam del Sur y sus aliados norteamericanos, la Guerra del Vietnam. La malaria causaba estragos en las junglas de Vietnam. Los plasmodios (las formas hemá- ticas del parásito de la malaria) se habían vuelto resistentes a los medicamentos clási- cos. El proyecto, en el que participaron más de 500 científicos e investigadores chinos, tuvo dos enfoques. Mientras varios grupos llevaban a cabo investigaciones de labora- torio, otros ( etnobotánicos ) indagaban entre los remedios populares en las regiones tropi- cales chinas, en las que la malaria era endé- mica. Se fijaron de preferencia en los prepa- rados usados para tratar las fiebres (plan- tas febrífugas). El estudio de textos médicos antiguos se compaginaba con la búsqueda de remedios en remotas aldeas. La investiga- ción etnobotánica condujo finalmente a una planta, el ajenjo dulce, botánicamente Arte- misia annua . La directora del proyecto, Tu Youyou , en nombre de su equipo, muchos ya fallecidos, recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina 2015. Los primeros ensayos con la planta no funcionaron muy bien. Sin embargo, un manual de recetas del siglo IV escribía lo siguiente: «…para extraer las propiedades medicinales de la planta se debe usar agua relativamente fría, en lugar de té hervido». Siguiendo los consejos de la medicina tradicional aderezada con la tec- L os nativos norteamericanos usaban decocciones de raíces de Nuphar lutea , un nenúfar que crece en char- cas plagadas de caimanes de la península de Florida, preparando cataplas- mas para tratar heridas infectadas. La tras- lación de este uso tradicional a la ciencia farmacéutica es un ejemplo de lo que la etnobotánica (botánica médica) puede repre- sentar como tabla de salvación para el grave problema mundial del aumento de la resisten- cia bacteriana a los antibióticos, y la falta de reposición con moléculas novedosas y efica- ces. Los expertos prevén que el número de muertes por infecciones refractarias a todos los antibióticos disponibles hoy día será de más de diez millones de personas alrededor del año 2050. La complejidad del mundo microbiano es ina- bordable. Nuestro organismo alberga normal- mente un número de bacterias muy superior al de células, ya de por sí inmenso. Mientras un sinnúmero de bacterias son imprescindi- bles para el mantenimiento de las funciones orgánicas, otras comprometen nuestra super- vivencia. Las bacterias compiten entre ellas por los nichos ecológicos. En estas guerras del submundo, un arma estratégica es la pro- ducción de sustancias denominadas apropia- damente antibióticos. La síntesis y secreción de estas moléculas por una determinada especie bacteriana inhibe la multiplicación de otras especies con las que compiten por el espacio vital. La cuarta, quinta y sexta décadas del siglo XX constituyeron la que podríamos denomi- nar «edad de oro de los antibióticos». Hon- gos y bacterias que crecían en el suelo y en las alcantarillas se convirtieron en una mena de potentes moléculas antibióticas. La fuen- te parecía inagotable y se tenía la impresión (incluso la convicción) de que la humanidad conseguiría domeñar la mayoría de las infec- ciones en unas pocas décadas. Una revis- ta médica de prestigio llegó a recomendar a los estudiantes de medicina que dejasen de lado su pretensión de especializarse en enfermedades infecciosas, ante la plausibi- lidad de «no tener trabajo» en el futuro. La esperanza pronto se mostró fútil. Solo el 1%, aproximadamente, de todas las especies bacterianas se podía cultivar in vitro . Hacia la década de 1970 los antibióticos disponibles parecían suficientes para abordar con éxito casi cualquier enfermedad infecciosa. En los años siguientes muchos laboratorios farma- céuticos abandonaron proyectos de búsque- da de familias antibióticas. Se continuaban comercializando «nuevos» antibióticos, pero mayoritariamente eran variaciones «cosméti- cas» de los ya disponibles, tales como pau- tas de administración más cómodas, formu- laciones orales en lugar de inyectables, y otras estrategias que permitiesen prolongar la vigencia de patentes. La búsqueda en la Naturaleza fue abandonada a favor de la sín- tesis de laboratorio, menos costosa que la investigación etnobotánica. El desarrollo de la química combinatoria, sur- gida en la década de 1980, alcanzó su ple- no apogeo durante la década siguiente, 1990 ( The Logic of Chemical Synthesis , E.J. Corey & Xue-Min Cheng ). Esta estrategia hizo posi- ble crear inmensas bibliotecas de estructuras moleculares que combinadas posibilitarían la síntesis de casi cualquier molécula. Una acti- tud pretenciosa, muy humana. Pero la cien- cia se halla muy lejos de emular la comple- jidad y perfección resultante de más de 400 millones de años de evolución. El progreso científico nada puede hacer frente al diseño molecular que la Naturaleza ha perfeccionado durante millones de años, mediante la siste- mática de «prueba y error» o, en palabras de Jaques Monod y François Jacob , de «azar y necesidad». Muy pocos antibióticos verdaderamente nove- dosos se han comercializado desde 1980. En lo que llevamos del siglo XXI, grandes mul- tinacionales farmacéuticas, Pfizer , Eli Lilly , Bristol Myers Squibb y otras, han interrum- pido atractivos programas de investigación de nuevos antibióticos. El fracaso relativo de la síntesis química completa de nuevos antimi- crobianos, junto a la menor rentabilidad en relación a otros medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades crónicas (hipertensión, patologías psiquiátricas, reu- matológicas, cáncer, etc.) han motivado este desinterés de la industria farmacéutica por la búsqueda de nuevos antibióticos. Las advertencias sobre los riesgos del uso descontrolado de antibióticos, tanto en el José Manuel López Tricas y Ángela Álvarez de Toledo Bayarte. Farmacia las Fuentes. La botánica tradicional puede representar una tabla de salvación para el grave problema mundial del aumento de la resistencia bacteriana a los antibióticos
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