Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Editorial
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Es imprescindible
que todos los
agentes sanitarios
nos unamos y
coordinemos
para, sin salirnos
cada uno de
nuestro marco
competencial,
trabajar juntos
por el paciente
El paciente necesita MÁS
Bifar
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a farmacia ha experimentado a lo largo
de su historia una serie de cambios muy
profundos en cuanto a la forma de traba-
jar y a la percepción que de la misma
tenían los pacientes. Como ya sabemos, el origen
de la farmacia se basó en la formulación magis-
tral. Eran verdaderos laboratorios químicos que
realizaban fórmulas personalizadas a partir de
prescripciones individualizadas de los médicos.
Tanto la prescripción como la dispensación eran
un arte destinado a pacientes con nombres y ape-
llidos. Poco a poco la industria observó que era
posible realizar determinadas fórmulas al por
mayor y empezó a elaborarlas de manera indus-
trial. Fue el inicio del tránsito de la farmacia ela-
boradora a la farmacia dispensadora. A finales del
siglo pasado, los farmacéuticos “sufrimos” otro
cambio que modificó desde la raíz la forma inter-
na de trabajar, me refiero a la informatización de
la farmacia. Fue un cambio radical de funciona-
miento interno, una ruptura de rutinas que, desde
el punto de vista actual, era completamente nece-
sario, pero que hace 25 años supuso una autén-
tica aventura.
Con esta introducción quiero destacar que el far-
macéutico, a diferencia de lo que opina mucha
gente, es un profesional que está acostumbrado
al cambio, que ha sabido adaptarse y evolucionar.
Una evolución que no cesa, pues hoy en día la
sociedad vuelve a plantearnos nuevos desafíos.
El próximo: pasar de una farmacia dispensado-
ra a una farmacia asistencial. Nos encontramos
ante una población cada vez más envejecida,
más polimedicada y con más patologías crónicas.
Una farmacia próxima que lleva el medicamento
en condiciones de igualdad al punto más recón-
dito de la geografía española ya no es suficiente.
El paciente necesita más. Necesita un profesional
farmacéutico que se responsabilice del tratamien-
to farmacoterapéutico prescrito por el médico y se
responsabilice de la adherencia por parte de ese
paciente al tratamiento. Para ello es imprescin-
dible que todos los agentes sanitarios nos una-
mos y coordinemos para, sin salirnos cada uno
de nuestro marco competencial, trabajar juntos
por el paciente.
Para conseguir este reto, por supuesto es impor-
tante que, tanto los Colegios, como las Socie-
dades científicas empresariales y académicas,
marquemos el camino, pero más allá del ámbito
institucional hay un pilar básico, el farmacéutico,
que debe evolucionar, ya que sin él esta transfor-
mación es imposible.
Ante todo, somos agentes sanitarios que debe-
mos dar respuesta a las demandas sanitarias de
la sociedad. Y la única forma de responder es
evolucionando hacia una farmacia asistencial.
Una vez que todos seamos conscientes de esta
necesidad de cambio, el segundo paso es for-
marnos para ser capaces de crear y poner en
marcha servicios profesionales protocolizados,
estandarizados y, sobre todo, de calidad. Sé
que lo que estoy diciendo supone un importante
esfuerzo para todos nosotros, pero es el único
camino hacia la farmacia del futuro.
En la Universidad, los farmacéuticos de mi gene-
ración y anteriores estudiamos mucha teoría,
mucha física, química, galénica, farmacología….
Pero, en mi caso, no vi un paciente hasta que lle-
gué al mostrador de mi farmacia. Con esto quiero
decir que el objetivo y la forma de trabajar han
cambiado de forma radical desde nuestra sali-
da de la facultad. Este nuevo perfil profesional lo
vamos a tener que aprender por nuestra cuenta,
por supuesto ayudados en todo momento por los
Colegios y Sociedades Científicas.
Otra institución que ha sabido leer las nuevas
demandas de la sociedad es la Universidad. Los
nuevos egresados ya están siendo formados en
los parámetros de la farmacia asistencial. A prin-
cipios de diciembre, tuve la suerte de participar
en el XXVII Congreso de Estudiantes de Farmacia
y comprobé la forma de trabajar de estos futuros
profesionales farmacéuticos, con una formación
que incluye entrar ya en contacto con pacientes
reales a través de seguimientos farmacoterapéu-
ticos e intervenciones de una calidad extraordi-
naria. Enhorabuena, pues, a la Universidad San
Jorge, y a esos profesores que han sabido captar
perfectamente los nuevos caminos de la profesión
y, por supuesto, enhorabuena a sus alumnos que
no solo aseguran el futuro de la farmacia comu-
nitaria, sino que pronto se convertirán en prota-
gonistas de la farmacia del siglo XXI: profesional,
asistencial y sostenible.
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