ORIGEN DEL COLEGIO DE FARMACÉUTICOS DE ZARAGOZA

Primeros antecedentes: la Cofradía de San Miguel y San Amador

La corporación profesional de farmacéuticos de Zaragoza, que ha recibido distintas denominaciones a lo largo de su Historia, tiene en el siglo XIV sus antecedentes más remotos conocidos. La fecha del 15 de marzo de 1391 ha sido considerada como la de su nacimiento, cuando Juan I de Aragón autorizó a “sus fieles boticarios” de la ciudad para que constituyeran la Cofradía de San Miguel y San Amador, bajo la advocación de estos santos. Al igual que otras cofradías de otras profesiones, se trataba de una asociación de carácter fundamentalmente religioso. A ella sólo podían pertenecer boticarios (también llamados especieros) y comerciantes que usaran peso y medida. En esta primera asociación de boticarios zaragozanos, éstos ya aparecen separados de los demás profesionales de la salud de la época (médicos y cirujanos). El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza editó un facsímil del documento que contiene la autorización del Rey de Aragón y las Ordinaciones de la Cofradía, cuyo original se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón.

Facsímil de la autorización, en el año 1391, del Rey Juan I de Aragón a los boticarios de Zaragoza para constituir la Cofradía de San Miguel y San Amador

Desde la creación de la Cofradía de San Miguel y San Amador, la agrupación fue evolucionando a lo largo de los siglos a medida que lo hacía la figura del boticario. Todavía en el siglo XIV, el Justicia Mayor de Aragón estableció que para poder ejercer como boticario era necesaria la aprobación de la agrupación de boticarios, tras la realización del oportuno examen. Juan II instauró en 1476 el primer precedente de la colegiación obligatoria y de la limitación de distancias entre farmacias.

El Colegio de Boticarios de Zaragoza

Tras la confirmación de sus Ordinaciones dictada por Fernando el Católico en 1506, la agrupación de boticarios zaragozanos pasó a denominarse Colegio (Collegio Apothecaris) adquiriendo un aire más científico, aunque conservando todavía gran parte de su carácter religioso. En las Ordenanzas de 1534 aprobadas por Carlos I, se reglamentó la separación definitiva de los boticarios de otros profesionales que habían formado parte de la Cofradía.

Prueba del carácter más científico que había adquirido la corporación, destacó la redacción y edición por parte del Colegio de Boticarios de dos de las primeras farmacopeas del mundo, en 1546 y 1553, que situaron a la Farmacia zaragozana y a su corporación entre las más importantes. Ambas llevaban el nombre de Concordia Aromatariorum Civitatis Cesarauguste, y han sido publicadas por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza en ediciones facsimilares.

Durante más de 300 años el Colegio de Boticarios mantuvo su actividad en la ciudad de Zaragoza, destacando su actividad como garante del correcto ejercicio de la profesión, participando frecuentemente en las inspecciones de boticas y en los exámenes a los aspirantes a boticarios.

El Colegio de Boticarios de Zaragoza desapareció en 1831, pesando sobre él una carga económica que no podía cumplir y por la cual la Corporación tuvo que cambiar su nombre por el de Instituto Farmacéutico Aragonés cuando resurgió entre 1851 y 1879. Tras la desaparición del Instituto surgieron en Zaragoza dos corporaciones que tuvieron una corta existencia: el Colegio Médico-Farmacéutico y el Colegio Local de Farmacéuticos. Este último dio paso al actual Colegio, cuando en 1898 se dictó en España la obligatoriedad de constituir colegios provinciales y la colegiación obligatoria.